jueves, 25 de marzo de 2010

Crónicas de un mal comedor

A mis casi tres décadas de vida, siempre he sido lo que popularmente se conoce como mal comedor, cosa muy diferente a lo que mucha gente piense actualmente, desde que tengo uso de razón, siempre recuerdo a mi madre luchando conmigo y rompiéndose la cabeza con las comidas para que pudiera alimentarme bien.
Muchas veces me he preguntado a que se debe uno ser así, bueno según mi propio análisis, se debe a que fui criado con cierta ñoñería dada la condición en mi familia que soy el primero en casi todo (en algunas cosas se me fueron alante pero ni modo), primer hijo, primer sobrino, primer profesional (de mis hermanos y primos), entre otras cosas.
Eso de ser así me ha llevado en mas de una ocasión a pasar hambre por no comer lo que me ofrecen y de lo que me he perdido por no degustar mucha de nuestra cultura gastronómica.
Así que relatare algunas situaciones por las que he pasado por ser mal comedor.

Niñez temprana:
Quizás tenia de 7 a 8 años cuando fui con mi difunto abuelo Sigifredo Alba a Buen Hombre, Monte Cristi, recuerdo un paisaje exótico, típico de nuestro país, una muy bella playa, cacería de cangrejo nocturna, pero también que me pase 3 días nada mas a juguito por no comer en la forma en que los cocinaban los manjares del mar.



Niñez y adolescencia:

Tenia de 10 a 11 años cuando comencé a formar parte de los scouts dominicanos, cuantos recuerdos y vivencias, siempre he querido volver a repetir esos campamentos y demás cosas que uno hacia en esos años, pero ya por el ajetreo laboral ya es difícil hacerlo, hay cuantas cosas con esas comidas, muchas veces mal cocinadas, esos locrios , yo que no quiero saber del de arenque porque me jartaron con ese.


Adulte
z:
A los 23 años recién graduado de ingeniero, comenzo la travesía del ¨IRON STOMACH¨, he aprendido a curarme del mal del mal comedor, he tenido que acostumbrarme a comer de todo, sufrir choques de sazón, comer con altos contenidos de grasas pero al final los he superado todos y desarrollado mis técnicas de buen comensal, ahora disfruto de la gastronomía y he pasado de las 130 lbs que siempre pesaba en mis años de la universidad a las 160 lbs que peso actualmente, claro manteniendo el control de las porciones para mantenerme en la linea (el hombre barrigón no ta, aunque lo diga tubérculo gourmet que el respeto del hombre esta en su barriga).
Ahora veo lo rica que es la cultura gastronómica dominicana y soy mas abierto a experimentar nuevos sabores.
Hasta aquí mis crónicas de un mal comedor reformado.

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